Published On: Mar, Mar 21st, 2017

El gran regreso del espíritu de Depeche Mode

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No puede ser fácil mantenerse casi cuarenta años en la brecha como grupo, la mayoría de ellos manteniendo el estatus de banda de estadio, y no traicionar tus principios. Con sus momentos altos y bajos, a pesar de que ya hace mucho tiempo que no esperamos sorprendernos con una nueva colección de canciones de Gahan, Gore & Fletcher, a Depeche Mode siempre tendremos que agradecerles (y reconocerles) eso. Sus últimos tres trabajos, con Ben Hillier a los mandos, mantenían el tipo y hasta ofrecían alguna canción estimulante, pero en líneas generales también tuvieron mucho que ver con esa sensación generalizada de que, aún siendo fieles a sí mismos, de los Depeche Mode siglo XXI no cabía esperar otro disco capital. Y tal vez Spirit tampoco termine de serlo, pero al menos apunta maneras.

Algo habrá tenido que ver la aportación del Simian Mobile Disco James Ford. A priori su bagaje como productor en trabajos de Arctic Monkeys, Florence + The Machine, Klaxons o Foals podría dar a entender que Depeche Mode profundizarían todavía más en su decimocuarto álbum la vena techno-rock que progresivamente ha ido adquiriendo su música. Nada más lejos.

La propuesta sonora de Ford para Depeche pasa por un retorno a los presupuestos de Violator: atmósferas nocturnas; guitarras tratadas como un elemento electrónico más; ritmos pesados, industriales, minimalistas; hallazgos sonoros que casi valen por sí solos toda una canción.

El mejor ejemplo de todo esto lo encontramos en Cover Me, un medio tiempo que arranca con una guitarra a medio camino de Morricone y Eno, para progresivamente avanzar de forma inquietante con una secuencia electrónica que sugiere paisajes de autopistas futuristas. En cierto modo esos paisajes sirven también de inspiración de un disco opresivo, que se debate entre la observación del entorno –”dónde está la revolución que nos libre de aquellos que nos oprimen”, se preguntan en Where’s the Revolution- y los acostumbrados apocalipsis sentimentales made in Dave Gahan.

La sensación final es que, a falta de alguna canción realmente memorable que situar a la altura de lo mejor de su repertorio, y pese a que una duración ‘clásica’ -los 40 minutos de un disco de vinilo- le habría sentado mucho mejor, Spirit es en líneas generales lo mejor que los británicos han publicado en lo que llevamos de siglo XXI.

Fuente: http://www.eldiario.es/cultura/musica/Depeche_Mode-spirit-revolucion_0_624337620.html

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